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Narrativa
Donde el alma es la escritura
El autor cubano Pedro Juan Gutiérrez continúa explorando el realismo sucio.
LUIS DE LA PEÑA
El País, España
6 de enero de 2001 |
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NARRATIVA.
ANIMAL TROPICAL.
PEDRO JUAN GUTIÉRREZ
ANAGRAMA. BARCELONA, 2000.
294 PAGINAS.
2.500 pesetas
Quienes hayan leído los anteriores libros de Pedro Juan Gutiérrez (Cuba, 1950) reconocerán en este Animal tropical los mismos materiales, lugares y estética presentes en las anteriores entregas, esto es, un ambiente sórdido con el que explicar, tal vez, la situación de la Cuba actual. Pedro Juan Gutiérrez explora hasta el máximo de sus posibilidades todo lo que rodea al sexo, lo escatológico, el alcohol, la droga y el arte literario. Todo este conglomerado le lleva a escribir: “Soy un seductor”. |
Y efectivamente, Gutiérrez se muestra como un seductor, pero con unos procedimientos que juegan a la inversa, esto es, dando la vuelta al discurso de modo que la seducción se convierte por medio de su arte narrativo en una manera de provocación cuyo efecto en el lector es el de la crítica de un mundo, de una sociedad, de una manera de vivir que sitúa a sus protagonistas en el lado oscuro y demoníaco de la realidad.
Un hombre —en principio el propio autor, Pedro Juan— mantiene relaciones sexuales y amorosas con Gloria, una prostituta vecina. Pedro Juan es —como el propio autor— escritor y pintor. Espera una beca para viajar s Suecia. Allí se encontrará con Agneta, a la que ya había seducido en las largas conversaciones telefónicas que mantiene como preparativo de su viaje. De regreso a Cuba, Juan Pedro descubrirá que su amor por Gloria lleva escrito un destino fatal, como cualquier destino, porque los años y la vida van cobrando una dimensión trágica y, por qué no, natural.
Pero la novela de Gutiérrez, escrita con un lenguaje ágil, directo, rápido y muy fragmentario, más allá de la débil trama narrativa, ofrece una diversidad de planos do lectura que hacen del texto algo más que la aventura desgarrada y transgresora que en apariencia muestra. La casi ausencia de intriga novelesca hace que el texto cobre cierto grado discursivo que el buen hacer narrativo de Gutiérrez conduce a través de una sucesión de diálogos francamente bien elaborados, que se alternan con períodos narrativos donde el autor muestra su yo más oculto y, sobre todo, su forma crítica de concebir la realidad que le preocupa y le rodea.
El hecho de que la novela sea escrita en primera persona y que el protagonista sea, en apariencia, el propio autor puede hacer pensar que estamos ante un relato autobiográfico. Nada más lejos de la realidad. Animal tropical es una novela, ficción en toda regla. Y es aquí donde el autor se nos muestra como un auténtico artista. Porque el lector descubrirá que debajo de la piel del autor existen unos personajes —él mismo como personaje— que son mera ficción. “Ni yo mismo sé lo que es cierto y lo que es mentira”, escribe en algún momento, a pesar —o precisamente por eso— de que desde el comienzo se propone “escribir con las tripas y las entrañas”.
Es cierto que, en un primer momento, el lector puedo reconocer La Habana como el lugar de la mugre -“tres riachuelos de orina, grasa y mierda corrían permanentemente desde la cafetería y casas cercanas” y, luego, “la mierda me persigue”—, pero más allá de una estética de la suciedad se encuentra una estética del alma, la ética con la que se ha construido un tipo de hombre, tal vez deplorable, cuya redención no está desde luego en las antípodas de esa cultura. De ahí el magnífico papel estructurador que juega, como contrapunto, su viaje a Suecia.
La novela da para mucho, desde luego para mucho más que quedarse con esa mera apariencia del impacto que produce en el lector occidental los excrementos y el sexo violento. Esto es sólo la epidermis de algo que roza un pozo más hondo, más próximo al alma.
Lea además el artículo relacionado con este, publicado por El País, del 16 de diciembre del 2000.
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