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Cuba
a pie de obra
A ritmo de breve fraseo y prosa lacónica,
Pedro Juan Gutiérrez retrata una Cuba pervertida por
su Revolución y prostituida por su aislamiento. Las
estampas apresuradas y desinhibidas de Carne de perro
sumergen al lector en la música de su canción
desesperada.
JAVIER APARICIO MAYDEU
El País,
España
13 de mayo de 2003 |
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CARNE
DE PERRO
Pedro Juan Gutiérrez
Anagrama.
Barcelona, 2003
148 páginas.
12 euros
Porque los cuentos no venden —o
vete a saber por qué otro peregrino motivo—
se nos dice que los cuentos de Carne
de perro, la última entrega del Ciclo
de Centro Habana, que se inició con la aplaudida
Trilogía
sucia de La Habana (1998), son una novela, cuando
en seguida advertirá el lector que en realidad
son relatos, apresurados y desinhibidos relatos sobre
la Cuba sórdida y decadente. Quienes disfrutaron
con las historias descarnadas de la Trilogía,
de El
Rey de La Habana, Animal
tropical o El
insaciable hombre araña, seguirán
haciéndolo con estas nuevas estampas de una Cuba
de fotomatón. |
Gutiérrez apura
con esta entrega el filón de una literatura apicarada
e inmisericorde, que retrata un pueblo de náufragos
navegando a la deriva en su isla caribeña, consolándose
con tabaco, sexo y ron de un futuro tan incierto como aciago:
“¿Cosas muy bonitas? —dice el narrador
en Nada de amor— Coño, menos mal. Yo
creía que todo era mierda, líos y jodienda”.
Se ha dicho hasta la
saciedad que Gutiérrez es un heredero del realismo
sucio de Carver o Ford. No parece que haya tal. Es cierto
que su prosa es lacónica y breve su fraseo, pero nada
más. No hay elipsis ni estrategias textuales con el
silencio. Tampoco existe metafísica en Gutiérrez,
pues su reino pertenece, al contrario, a lo físico,
a lo terrenal llevado hasta la escatología. Algunas
de sus páginas, en cambio, parecen fotografías
de Sebastián Salgado coloreadas por un estilo descarado
y rijoso. Ambos artistas subordinan su obra a la reivindicación
y la protesta por la proliferación de la injusticia
social, y Gutiérrez recorre Cuba a pie de obra para
sumergimos en la música de su canción desesperada:
sexo desaforado con mulatas jineteras, enfermos desahuciados,
apagones en La Habana vieja y los baldíos esfuerzos
por evadirse y no pensar en la crudeza que, en manifiesta
paradoja, alimenta su obra: “Bebí un poco más.
Intenté no pensar. Es muy importante. No pensar. Lo
intento muchas veces al día”. Como dice Ovidio
de sí mismo, el narrador cubano es también “un
poeta para los pobres. Como no puedo dar regalos, doy palabras”.
El propio Pedro Juan Gutiérrez
ha confesado haber escrito el ciclo
que ahora concluye de un tirón, como un extraño
exabrupto que luchaba por salir y estamparse en el papel.
Ya salió, y habrá que ver ahora por qué
derroteros continuará la literatura del autor, agotadas
sus viscerales fuentes habaneras. Y es que los logros que
encuentre el lector en Carne de perro estaban ya
todos en sus libros anteriores, de los que el título
que nos ocupa no parece ser más que una aplicada secuela.
Lea además el artículo
relacionado con este, publicado por El País,
del 13 de mayo de 2003
También puede leer los siguientes
escritos aparecidos en este diario:
Gutiérrez retrata los bajos fondos de La Habana en un libro
El
escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez recibió
en Tenerife el Premio de Novela Alfonso García-Ramos
Donde
el alma es la escritura
Trilogía
de La Habana (En suplemento Babelia)
Pedro
Juan Gutiérrez retrata la Cuba sórdida en una
novela
Pedro
Juan Gutiérrez enlaza trozos de autobiografía
en un libro de cuentos
Pedro
Juan Gutiérrez cierra su Ciclo de Centro Habana
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