| |
Selección
del editor
JORGE POSADA
Explore, revista del grupo TACA, San José, Costa
Rica.
Noviembre de 2003
|
|
 |
POCOS
habían oído hablar del cubano Pedro Juan
Gutiérrez hasta que en 1998 sacudió al
mundillo literario español y latinoamericano
cuando publicó su desgarradora Trilogía
sucia de La Habana, donde reunía tres colecciones
de relatos llenos de obsesiones, sexo, ron y miseria,
en una atmósfera en donde lo único que
se podía hacer era intentar sobrevivir. Ahora,
después de algunos años y otros libros,
Gutiérrez confirma sus excepcionales cualidades
de narrador con los 16 cuentos de Carne de perro,
cerrando así su llamado “Ciclo
de Centro Habana”.
De nuevo aparece el protagonista
en una etapa de hondo |
desaliento existencial, marcado por
insatisfechos deseos de cambiar su vida. Para ello busca con
fruición la soledad pasándose las horas muertas
en la playa, nadando, refugiándose en la música
y observando con mirada hiperrealista los deteriorados rincones
de la ciudad. La acción externa —a menudo enlazada
en ciertas narraciones— resulta mínima: los desencuentros
y la separación de su mujer, la creciente relación
erótica y afectiva con la opulenta Miriam, la visita
a su anciana madre, todo ello relatado con un estilo cada vez
más árido, dominado por la frase corta, breves
y eficaces introspecciones.
Aunque el libro, al igual que algunos
de sus anteriores, muestra un variopinto zoológico
de personajes marginales, no es una obra costumbrista,
así como tampoco se queda en mero testimonio
de una época terrible. Es, ante todo, un texto
que se compromete con lo único importante,
el autor y una prosa incisiva, y que busca Implacablemente
en las zonas más descarnadas del alma habanera,
esas zonas que con tanta pasión generaciones
de capitalinos han tratado de comprender.
Leídos de una forma autónoma,
los relatos pueden parecer los más bukowskianos de cuantos ha escrito hasta el momento Gutiérrez,
pero si se leen manteniendo esa objetividad que se
le debe exigir a todo libro de ficción, más
bien parece un diario furiosamente íntimo.
Se trata de cuentos autobiográficos, repletas
de imágenes perturbadoras y cínicas,
que muestran la locura cotidiana de muchas
|
|
vidas al borde del abismo. Desafiante
a veces, crítico cuando hay que serlo, es la prueba de
que la buena literatura cubana no es patrimonio de grupo alguno,
sino de auténticos autores, algo que manifiesta con claridad
Pedro Juan Gutiérrez en todos sus libros.
Es
la sencillez brutal con que están escritas las narraciones
lo que nos acerca a ellas el deseo de saber cómo son
esos seres anónimos que deambulan por sus páginas;
esas desarrapadas criaturas de la noche que tal vez nunca
existieron o qua nunca nadie conocerá. Carne de
perro es una obra llena de melancolía, tristeza
y una enorme pesadumbre, donde el más audaz, genuino
y frenético escritor cubano de su generación
se desnuda ante los lectores mientras se burla de todo y también
de sí mismo.
|