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Pedro
Juan en el ring
Llamada para lectores:
atención Centro Habana. Un desgarrado, bullicioso y
descascarillado barrio de La Habana que Pedro Juan Gutiérrez
ha convertido en espléndido territorio literario a
lo largo de cinco libros. O, mejor dicho, lo ha "reconstruido"
narrativamente como en una Comedia Humana a lo Balzac pero
en cubano y concentrado. Visita obligada.
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En otoño del
97, Elena Errázuriz, el contacto de la agente Anne-Marie
Vallat, "su enviada especial en La Habana", nos
envió los manuscritos de dos libros de cuentos de un
autor cubano desconocido. Me atraparon enseguida y empezaron
las negociaciones. Había un tercer libro casi listo
que Pedro Juan Gutiérrez deseaba que se incorporara
a los otros dos, lo que tras leerlo me pareció una
excelente idea. El resultado se llamó Trilogía
sucia de La Habana, que publicamos al año siguiente,
en otoño del 98.
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En
la solapa de nuestra edición de la Trilogía,
a la vuelta de una excelente ilustración de Ángel
Jové, se leían los siguientes datos biográficos:
"Pedro Juan Gutiérrez nació en Cuba
en 1950. Ha ejercido los más variados oficios:
vendedor de helados, cortador de caña, soldado,
periodista. Es pintor, escultor, poeta visual. Vive en
La Habana." Y encaramada en la columna de letras,
la foto del autor: en camiseta, cráneo rapado,
cara angulosa, mirada desafiante. |
Los muchos libros cubanos
que se han publicado en esos años oscilan con frecuencia
entre dos registros: el panfleto político anticastrista
de indignación previsible o los culturalistas herederos
de Lezama Lima, con frecuente sobredosis de aderezos barrocos
y volutas rococó. Y en esto llegó Pedro Juan,
a quien no se esperaba, una voz distinta, "a golpe de
ron, música y sexo", como escribió un crítico,
que nos ofreció una imagen de Cuba descarnada, dura
y terrible y al mismo tiempo tremendamente vitalista. Una
crónica atroz y vívida, sin moralina ni discursos
redentoristas, algo así como "esto es lo que hay".
Una visión cotidiana, a ras del suelo, no por oblicua
menos contundente: "Tan radical como Reynaldo Arenas,
mucho más hiriente que Zoe Valdés", según
Miguel García-Posada. La acogida de la prensa española
fue unánime, en la editorial empezamos a recibir muchísimas
cartas entusiastas, el tam tam entre los lectores funcionó
con rapidez y eficacia, se sucedieron las reediciones.
También se despertó
el interés internacional. Aunque una activa editorial
italiana, e/o,
había ya publicado en solitario el primer
libro de cuentos de la Trilogía, fue el
estrépito español el que alertó a los
editores extranjeros. De inmediato, en Inglaterra, la prestigiosa
editorial Faber
and Faber se interesó por los derechos, y ha ido
publicando todos sus libros, más tarde Francia,
y suma y sigue. En algunos países, la carga sexual
decididamente incorrecta de sus libros
provocó ciertas cautelas (recuerdo alarmadas reseñas
anglosajonas), pero cuando en Alemania, por ejemplo, años
después al fin se decidió un editor,
resultó un éxito tumultuoso. Y, por el contrario,
no es de extrañar que en Brasil
nuestro autor, al calor del calentón, fuera muy pronto
tan popular como una estrella de rock.
El título, Trilogía
sucia de La Habana, funcionó como un posible doble
guiño: remitía por una parte a la célebre
Trilogía de Nueva York de Auster, pero sobre
todo al "realismo sucio", etiqueta que la revista
Granta adjudicó a Carver y que la crítica española
extendió a Bukowski. Dos autores, por cierto, que entonces
Pedro Juan, pese a las comparaciones, aún no había
leído.
A Trilogía
siguieron con regularidad El
Rey de La Habana y Animal
tropical, dos novelas, y El
insaciable hombre araña y Carne
de perro, dos libros de relatos que también pueden
leerse como novelas. Aunque en realidad toda su obra es un
contínuum, contado (excepto en El Rey de La Habana
y algunos cuentos) en primera persona por un personaje con
el inequívoco nombre de Pedro Juan, una suerte de autobiografía
fragmentada. Y ésta es una de las claves del éxito
de sus libros de relatos -un género tan castigado comercialmente-,
ya que proponen otro tipo de lectura, más directa y
confianzuda (con "el trato continuado", ya se sabe),
al igual que los libros de cuentos de Bukowski.
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Política y sexo
En las entrevistas Pedro Juan evita hablar de política.
Una razón fundamental: no concibe vivir fuera de Cuba.
Le gusta pasar temporadas en Europa -le encanta venir a España,
donde le hemos invitado varias veces-, viajar por América
Latina, pero necesita regresar a La Habana. Un cubano que
no habla obsesivamente de Cuba, al revés que todos
sus compatriotas (desde las sucesivas oleadas de disidentes
hasta los inquebrantables, aunque progresivamente diezmados,
defensores del régimen), de la situación política,
excepto en privado y en contadas ocasiones, es toda una rareza.
Un lobo solitario.
El sexo atraviesa todos sus libros, en los que el tal Pedro
Juan se muestra insaciable, básicamente mujeriego,
ocasionalmente omnívoro, de pronto con una incrustación
metálica en el pene, venga alegría... A juzgar
por sus textos, el protagonista es una especie de sex
bomb infalible. No hay informaciones en sentido contrario.
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Dos textos a modo de brújula
Uno es la primera reseña que apareció de Trilogía
sucia de La Habana, a cargo de J.A. Masoliver Ródenas,
en La Vanguardia del 16 de octubre de 1998.
Los fragmentos escogidos de la misma configuran un diagnóstico
muy certero, no sólo de Trilogía sucia de
La Habana sino del entero "Ciclo
de Centro Habana", entonces aún por desplegarse:
"Este libro es, relato a relato, un acto de rebeldía,
la repetición de un mismo gesto: la de quitar vendas
y mordazas (...) Y entre las muchas cosas que podemos celebrar
de este libro, que es al mismo tiempo derrota y celebración
de la vida, está la habilidad para subrayar la sordidez
a través de un humor desenfadado, irreverente, de hipérboles
ajenas a la fábula, de una honda nostalgia (de otros
tiempos, de un paraíso perdido o nunca poseído)
sin necesidad de acudir al lirismo. Los tres temas son la
miseria, el sexo y La Habana y, con La Habana, Cuba. Tres
temas íntimamente relacionados (...) El triunfo de
un placer que va más allá de toda desesperación,
sin negarla. Por eso esta colección de relatos o novela
abierta es una crónica y una celebración."
El segundo texto, también de octubre
de 1998, es la transcripción de un fax manuscrito que
me envió Rafael Chirbes, grandísimo escritor
y también un lector infatigable, a menudo exigente
y severo pero también entusiasta, como en este caso:
"Acabo de leer la Trilogía sucia de La Habana:
¡joder, qué libro! Me ha gustado muchísimo.
Es lo más bestia que he leído. Pero no bestia
como lo de los niños. No. Bestia por el retrato de
toda una forma de vida. Aparte de que, mientras lo lees, no
sepas si suicidarte, vomitar o ponerte a hacerte una paja.
Enhorabuena. Rafa."
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Ahora Pedro
Juan Gutiérrez ha decidido que, con sus cinco libros,
da por terminado el Ciclo de Centro
Habana. Veremos por dónde saldrá, todo un
reto, lo espero con gran curiosidad. Y también confianza.
No en vano es un superviviente. Pero que no se limita a sobrevivir
como un punching bag sino como un boxeador (uno de
sus oficios), correoso y fajador, indomable y alerta. Así
que estamos a la espera de encajar su próximo mandoble.
© Jorge Herralde
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