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  Ensayo de Jorge Herralde sobre Pedro Juan Gutiérrez  
 

Pedro Juan en el ring

Por JORGE HERRALDE
Editor de la Editorial Anagrama
©SANTI  COGOLLUDO

   Llamada para lectores: atención Centro Habana. Un desgarrado, bullicioso y descascarillado barrio de La Habana que Pedro Juan Gutiérrez ha convertido en espléndido territorio literario a lo largo de cinco libros. O, mejor dicho, lo ha "reconstruido" narrativamente como en una Comedia Humana a lo Balzac pero en cubano y concentrado. Visita obligada.

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   En otoño del 97, Elena Errázuriz, el contacto de la agente Anne-Marie Vallat, "su enviada especial en La Habana", nos envió los manuscritos de dos libros de cuentos de un autor cubano desconocido. Me atraparon enseguida y empezaron las negociaciones. Había un tercer libro casi listo que Pedro Juan Gutiérrez deseaba que se incorporara a los otros dos, lo que tras leerlo me pareció una excelente idea. El resultado se llamó Trilogía sucia de La Habana, que publicamos al año siguiente, en otoño del 98.

Trilogía sucia de La Habana, Anagrama     En la solapa de nuestra edición de la Trilogía, a la vuelta de una excelente ilustración de Ángel Jové, se leían los siguientes datos biográficos: "Pedro Juan Gutiérrez nació en Cuba en 1950. Ha ejercido los más variados oficios: vendedor de helados, cortador de caña, soldado, periodista. Es pintor, escultor, poeta visual. Vive en La Habana." Y encaramada en la columna de letras, la foto del autor: en camiseta, cráneo rapado, cara angulosa, mirada desafiante.

    Los muchos libros cubanos que se han publicado en esos años oscilan con frecuencia entre dos registros: el panfleto político anticastrista de indignación previsible o los culturalistas herederos de Lezama Lima, con frecuente sobredosis de aderezos barrocos y volutas rococó. Y en esto llegó Pedro Juan, a quien no se esperaba, una voz distinta, "a golpe de ron, música y sexo", como escribió un crítico, que nos ofreció una imagen de Cuba descarnada, dura y terrible y al mismo tiempo tremendamente vitalista. Una crónica atroz y vívida, sin moralina ni discursos redentoristas, algo así como "esto es lo que hay". Una visión cotidiana, a ras del suelo, no por oblicua menos contundente: "Tan radical como Reynaldo Arenas, mucho más hiriente que Zoe Valdés", según Miguel García-Posada. La acogida de la prensa española fue unánime, en la editorial empezamos a recibir muchísimas cartas entusiastas, el tam tam entre los lectores funcionó con rapidez y eficacia, se sucedieron las reediciones.

   También se despertó el interés internacional. Aunque una activa editorial italiana, e/o, había ya publicado en solitario el primer libro de cuentos de la Trilogía, fue el estrépito español el que alertó a los editores extranjeros. De inmediato, en Inglaterra, la prestigiosa editorial Faber and Faber se interesó por los derechos, y ha ido publicando todos sus libros, más tarde Francia, y suma y sigue. En algunos países, la carga sexual decididamente incorrecta de sus libros provocó ciertas cautelas (recuerdo alarmadas reseñas anglosajonas), pero cuando en Alemania, por ejemplo, años después al fin se decidió un editor, resultó un éxito tumultuoso. Y, por el contrario, no es de extrañar que en Brasil nuestro autor, al calor del calentón, fuera muy pronto tan popular como una estrella de rock.

   El título, Trilogía sucia de La Habana, funcionó como un posible doble guiño: remitía por una parte a la célebre Trilogía de Nueva York de Auster, pero sobre todo al "realismo sucio", etiqueta que la revista Granta adjudicó a Carver y que la crítica española extendió a Bukowski. Dos autores, por cierto, que entonces Pedro Juan, pese a las comparaciones, aún no había leído.

    A Trilogía siguieron con regularidad El Rey de La Habana y Animal tropical, dos novelas, y El insaciable hombre araña y Carne de perro, dos libros de relatos que también pueden leerse como novelas. Aunque en realidad toda su obra es un contínuum, contado (excepto en El Rey de La Habana y algunos cuentos) en primera persona por un personaje con el inequívoco nombre de Pedro Juan, una suerte de autobiografía fragmentada. Y ésta es una de las claves del éxito de sus libros de relatos -un género tan castigado comercialmente-, ya que proponen otro tipo de lectura, más directa y confianzuda (con "el trato continuado", ya se sabe), al igual que los libros de cuentos de Bukowski.

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Política y sexo

En las entrevistas Pedro Juan evita hablar de política. Una razón fundamental: no concibe vivir fuera de Cuba. Le gusta pasar temporadas en Europa -le encanta venir a España, donde le hemos invitado varias veces-, viajar por América Latina, pero necesita regresar a La Habana. Un cubano que no habla obsesivamente de Cuba, al revés que todos sus compatriotas (desde las sucesivas oleadas de disidentes hasta los inquebrantables, aunque progresivamente diezmados, defensores del régimen), de la situación política, excepto en privado y en contadas ocasiones, es toda una rareza. Un lobo solitario.
El sexo atraviesa todos sus libros, en los que el tal Pedro Juan se muestra insaciable, básicamente mujeriego, ocasionalmente omnívoro, de pronto con una incrustación metálica en el pene, venga alegría... A juzgar por sus textos, el protagonista es una especie de sex bomb infalible. No hay informaciones en sentido contrario.

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Dos textos a modo de brújula

Uno es la primera reseña que apareció de Trilogía sucia de La Habana, a cargo de J.A. Masoliver Ródenas, en La Vanguardia del 16 de octubre de 1998. Los fragmentos escogidos de la misma configuran un diagnóstico muy certero, no sólo de Trilogía sucia de La Habana sino del entero "Ciclo de Centro Habana", entonces aún por desplegarse: "Este libro es, relato a relato, un acto de rebeldía, la repetición de un mismo gesto: la de quitar vendas y mordazas (...) Y entre las muchas cosas que podemos celebrar de este libro, que es al mismo tiempo derrota y celebración de la vida, está la habilidad para subrayar la sordidez a través de un humor desenfadado, irreverente, de hipérboles ajenas a la fábula, de una honda nostalgia (de otros tiempos, de un paraíso perdido o nunca poseído) sin necesidad de acudir al lirismo. Los tres temas son la miseria, el sexo y La Habana y, con La Habana, Cuba. Tres temas íntimamente relacionados (...) El triunfo de un placer que va más allá de toda desesperación, sin negarla. Por eso esta colección de relatos o novela abierta es una crónica y una celebración."

   El segundo texto, también de octubre de 1998, es la transcripción de un fax manuscrito que me envió Rafael Chirbes, grandísimo escritor y también un lector infatigable, a menudo exigente y severo pero también entusiasta, como en este caso: "Acabo de leer la Trilogía sucia de La Habana: ¡joder, qué libro! Me ha gustado muchísimo. Es lo más bestia que he leído. Pero no bestia como lo de los niños. No. Bestia por el retrato de toda una forma de vida. Aparte de que, mientras lo lees, no sepas si suicidarte, vomitar o ponerte a hacerte una paja. Enhorabuena. Rafa."

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    Ahora Pedro Juan Gutiérrez ha decidido que, con sus cinco libros, da por terminado el Ciclo de Centro Habana. Veremos por dónde saldrá, todo un reto, lo espero con gran curiosidad. Y también confianza. No en vano es un superviviente. Pero que no se limita a sobrevivir como un punching bag sino como un boxeador (uno de sus oficios), correoso y fajador, indomable y alerta. Así que estamos a la espera de encajar su próximo mandoble.

© Jorge Herralde

     
       
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