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Urgencia
de la poesía
Pedro Juan Gutiérrez
| Ponencia dictada en el
10 Festival Internacional de Poesía de Génova,
bajo el lema “Reconstrucción poética
del universo”. Génova, Italia. Domingo 20
de junio de 2004. |
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El
origen de la poesía es
el juego. El juego inicial, infantil
y primigenio. Cuando uno camina
dentro de las cuevas de Lascaux
y de Altamira, por ejemplo, comprende algo
esencial: el hombre en sus inicios
jugaba. No competía. Sólo
jugaba. Utilizaba el dibujo en las
paredes y seguramente los sonidos,
el entrechocar rítmico de dos
piedras, por ejemplo, para conjurar
sus miedos a través del
juego.
No
tenía intención de ejercer poder ni de
aplastar ni destruir. |
Su
intención única era jugar de un modo poético,
creativo, mágico, para alejar sus temores y miedos.
Aquellos hombres, al igual que nos sucede ahora a nosotros,
estaban amenazados por ellos mismos y su mente confusa. Es
decir, tenían miedo de la oscuridad, tenían
miedo de no tener comida mañana, tenían miedo
de morir de hambre y frío durante el largo invierno,
tenían miedo de que los matara una fiera, tenían
miedo de no tener salud y fuerza suficientes para sobrevivir.
De
un modo intuitivo inventaban juegos para alejar y conjurar
el miedo. Así ganaban seguridad en sí mismos
y comprendían que sí podrían hacer todo
lo necesario: conseguir comida y pieles, mantener el fuego
encendido, cuidar a los niños, alejar a las fieras.
Hoy
yo deseo lo mismo que ellos:
Necesito
conseguir
comida y abrigo
atravesar
la nieve y la montaña
caminar
incesantemente
y
buscar los árboles y el agua
mantener
el fuego encendido
cuidar
a los niños
alejar
a las fieras.
Necesito
llegar a la primavera
y
evitar que las fieras me devoren
durante
el largo invierno.
En
las paredes de esta cueva
dejaré
mi historia.
Yo
soy importante
Yo
soy el más importante
Yo
soy Dios
y
contaré mi historia
a
estas paredes de piedra
Los
que vienen después recibirán auxilio.
Mis
palabras quedarán en la piedra.
Sabrán
que yo soy Dios omnipotente
lleno
de amor y de fuerza.
II
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El
alejamiento del juego y la magia significa abandonar
el asombro. Es decir, abandonar la poesía.
La
poesía es la libertad total. La libertad individual
y cotidiana.
Cuando
escribo un poema soy el ser más libre del universo.
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Puedo
pasear tranquilamente dentro de mí y en los alrededores.
No espero nada, no necesito nada. No quiero recompensas por
mi poema. No necesito destrozar nada.
Escribo
un poema jugando libremente, sin pretensiones, sin origen
y sin destino.
De
ese mismo modo se lee la poesía: sin pretender absolutamente
nada. Ni siquiera hay que intentar “comprenderlo”.
¿Qué quiso decir el poeta? Nada. Cuando un niño
juega “no quiere” decir nada. Simplemente se abstrae
y se entrega a ese momento de libertad total.
III
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No
voy a hablar aquí de cómo se produce hoy
en el mundo el alejamiento del juego y de la magia y
la pérdida creciente de la capacidad de asombro.
Hablar
de esa cuestión sería ponerme reiterativo
en exceso. Todos lo sabemos porque todos vivimos en
la misma trampa aunque es de mal gusto reconocerlo en
voz alta.
Sabemos
que es así y, sin embargo, desperdiciamos la
vida intentando alcanzar cosas insustanciales. Por consiguiente,
hemos perdido el rumbo.
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Creo
que esta es la esencia del asunto: hemos perdido el rumbo
en medio del caos y el vértigo creciente en que vivimos.
La
recuperación del sentido de la vida está en
los orígenes. En Lascaux y en Altamira alguien, hace
miles de años, nos dejó una señal para
iluminar el camino. Esos dibujos me dicen: “Esta es
la magia y el asombro, esta es la poesía y la libertad.
Este es el único modo de acallar un poco al diablo
que habita dentro de cada uno de nosotros y hacer crecer a
ese pequeño, ínfimo dios silencioso y humilde,
arrinconado en algún oscuro escondite de nuestro corazón”.
La Habana, junio de 2004.
© Pedro Juan Gutiérrez
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