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  Entrevista con Miradas, de Cuba  
 

Encuentro con el escritor Pedro Juan Gutiérrez

REDACCIÓN DE MIRADAS
Miradas, Escuela Internacional de Cine y Televisión, San Antonio de los Baños, Cuba. Número 4

Miradas - Revista del audiovisual, Cuba


UNA NOCHE de noviembre de 2003, se presentó en la EICTV el narrador, poeta y pintor Pedro Juan Gutiérrez para dialogar con sus lectores. Durante el encuentro, celebrado a teatro lleno y donde me tocó leer las palabras de introducción, el escritor leyó algunos cuentos de su libro Carne de perro y dio con ello pie a una larga e intensa conversación. La relación del escritor con su entorno, las influencias, la ética, la caracterización de los personajes, fueron algunos de los temas discutidos entonces por uno de los autores cubanos más traducidos y reconocidos internacionalmente en la última década.

Pedro Juan Gutiérrez
Pedro Juan Gutiérrez
Pedro Juan Gutiérrez
Pedro Juan Gutiérrez
    La voluntad de hacer que la escritura se adentre en los límites de lo representable, de lo que se puede o no decir, lo que un lector está dispuesto a soportar mientras consume un producto artístico, hace que sea más que difícil quedar indiferente ante lo que Pedro Juan escribe. Su caso es el de esos autores que dividen el campo en extremos inconciliables, sin que haya nada en el centro; es decir, o se le acepta y disfruta en lo que trae, o se le odia y rechaza, a veces sin haberlo siquiera leído. Pasadas dos semanas de su presentación en la EICTV, y gracias al entusiasmo de Jorge Molina, responsable del trabajo del área de Extensión Cultural en nuestra escuela, llegué a la casa del escritor para hacerle una entrevista que duró casi cuatro horas y de la cual, esto que ahora publicamos, no es sólo la versión, sino acaso una mitad.

   Pedro Juan es una persona fascinante, de hábil conversación, un verdadero creador de historias que va encantando a medida que habla. Como periodista que fue durante largos años, tiene un control absoluto del tiempo, las revueltas que dan sus historias y las palabras mismas; responde con un lenguaje juguetón, salpicado de cubanismos, expresiones de raigambre popular, con deseos de que estallen el efecto y la broma, con una gran habilidad para destacar los detalles grotescos en personas o situaciones. Para hacer más compleja la figura, la obra del Pedro Juan narrador apunta a sólo una de entre las varias direcciones en las que el autor despliega su energía creativa; bastan para demostrarlo los varios libros de poesía (inéditos o publicados) de Pedro Juan, su trabajo como pintor o la memoria de los días en los que fuera uno de los iniciadores en Cuba del llamado “arte-correo”.

   Pedro Juan Gutiérrez: Buenas noches. La idea que tengo es leer un par de cuentos, uno más largo y otro más cortico y después, si ustedes quieren, hacemos un diálogo, preguntas, así que voy a tratar de consumir el menor tiempo posible en la lectura para que nos quede un ratico. Este libro del que voy a leer unos cuentos, es Carne de perro, de la Editorial Anagrama de Barcelona, que es el último del Ciclo de Centro Habana. Les adelanto esto: el Ciclo de Centro Habana comienza en el año 98 con Trilogía sucia de la Habana, sigue al año siguiente con El Rey de la Habana, después Animal tropical, después El insaciable hombre araña y termina con Carne de perro; son cinco libros. Lo que de algún modo se ve, excepto en El rey de la Habana -donde no aparece éste personaje: Pedro Juan-, es la evolución de Pedro Juan, este hombre que va pasando de la furia y la agresividad más horrible, en Trilogía… , a un cinismo más frío, más distante, en Animal tropical; a una especie de melancolía introspectiva en El insaciable hombre araña y en Carne de perro. El personaje va pasando de la furia al cinismo y del cinismo a la melancolía a lo largo de cinco libros; por eso, cuando me preguntan qué libro te gusta más, yo digo “todos funcionan”, porque en realidad es como una historia a lo largo de cinco libros. Carne de perro tiene un exergo en la primera página que es algo que dice mi madre, mi madre real: “¿A ti te gustan las mujeres de orilla?; eso es carne de perro”. La vieja siempre me decía eso; ya no me lo dice.

   “Lo que sucede es que en ese libro hay un exergo tomado de Memorias del subdesarrollo, o de uno de los ensayos de Edmundo Desnoes, que dice: “El subdesarrollo es la incapacidad de acumular experiencia”. Tú me entiendes bien. Esta frase la leí hace 40 años, se me quedó grabada en la mente y es algo que voy comprobando constantemente en mi barrio…. Voy a hablar de mi barrio, que es donde se desarrollan todos mis libros, un lugar de gente pobre, que vive buscando todos los días un poquito de dinero o un pedazo de pan, buscando algo para poder sobrevivir, donde el sentido del tiempo es el de un presente total. Quizás es una exageración literaria eso de “vivir minuto a minuto”, y no hay que tomarlo tan al pie de la letra, pero un mendigo es un hombre que no tiene futuro; no sabe qué es lo que va a pasar dentro de cinco minutos con su vida y no le interesa: está bloqueado, es un personaje apocalíptico. No saber qué va a pasar dentro de una hora con su vida, de eso se trata.”

   “Pedro Juan se va como cansando, agotando, botó mucha energía en la Trilogía sucia, se va poniendo viejo poco a poco, le pasan los años por encima. Ya en El insaciable hombre araña tiene más de 50 años y entonces como que va ganando en sabiduría; se supone que las personas pierden algunas cosas con los años y ganan sabiduría; también para mí lo único que se gana, pues todo lo demás se pierde. Entonces el tipo, el personaje, está más reflexivo porque necesita distancia; es decir, está muy agotado de tanta gente, de tanta promiscuidad, de tanta borrachera, de tantas personas; está muy defraudado de todo, se siente íntegramente muy defraudado, no quiere seguir luchando con nada más y lo que quiere hacer es lo que se ve en Animal tropical: al final de la novela, Pedro Juan se aleja de Centro Habana, se muda para una casa que, para los que conocen la ciudad, es cerca de Campo Florido, por esa zona, con una vista del mar a lo lejos, una especie de finquita o algo así y Gloria se va con él. Esto se va redondeando después en El insaciable hombre araña y en Carne de perro, pues de algún modo hay una continuidad en el personaje, aunque no totalmente, pues no me gusta facilitar tanto las cosas. Sin embargo, hay una continuidad y el tipo va tomando distancia; necesita silencio, necesita soledad, necesita un poco de tranquilidad para poder alejarse de todo. Confieso que yo soy un poco así, una persona bastante introspectiva que necesita un poco de tranquilidad también y de silencio a su alrededor, de modo que me parezco al personaje; no me da embarazo decirlo, pues un escritor tiene que ser muy estúpido para no reflejarse en sus personajes o para que no haya alguno con el que se identifique más. Respecto a esto, me pasó una cosa muy simpática: antes de la Trilogía sucia escribí una novela, titulada Todo bajo control, que ocurre en una familia del Vedado, una familia grande; entonces hay un tipo, de unos 40 y pico de años, que vive en el garaje de la casa y cuando estoy por el tercer capítulo me digo: “¿Por qué este personaje está ganando fuerzas y es tan coherente y funciona tan bien?” Hasta que descubro, cuando había escrito unas 60 páginas, que ese personaje era yo mismo; estaba tan cerca de él que no me había dado cuenta. La literatura funciona de esa manera: vives la vida de los personajes, los personajes se te van metiendo adentro y tú te metes dentro de ellos, vas sufriendo con ellos, tienes alegrías con ellos, tienes tristeza, lloras… pasan cosas terribles escribiendo.”

   “La ética de un artista debe ser la honestidad y la sinceridad con él mismo. Eso es lo fundamental y si tienes que ser cruel, tienes que ser cruel primero con el personaje que tú más quieres. Un artista tiene que ser inflexible. Soy muy cruel, soy extremadamente cruel y no me interesa… La ética está planteada por otros. La moral siempre está planteada por otros. La moral de mis libros es la moral del sobreviviente, de un tipo que no tiene nada, que si tiene que robarse esa cartera que está ahí sobre la mesa, apaga la luz y ¡pum!, se perdió la cartera; el tipo se llevó la cartera y la registra rápido a ver si hay 4 dólares, los coge, bota la cartera y sigue. Esa es la ética del sobreviviente y mis personajes son sobrevivientes y yo funciono con esa ética; al que le caiga bien, que le caiga bien, al que le caiga mal, que le caiga mal. A un escritor lo único que le preocupa es que su historia funcione y escribir bien, y escribir bien es tener su propio estilo. Se vive una sola vez y cuando te toca, te toca; no puedes esperar a tener 80 años, a que las cosas cambien para entonces tú decir lo que tienes que decir, porque entonces ya es tarde. El artista tiene que correr un riesgo, el artista auténtico, que se siente abrumado o sobrecargado de una necesidad expresiva interior, tiene que correr siempre el riesgo de ser honesto, de ser sincero y tiene que olvidarse de lo que piensen los demás de su obra. Por eso no leo la crítica. Todo lo que llega lo meto en unas cajas de cartón, las precinto y las escondo por ahí: no me preocupa. Lo que me interesa es seguir siendo la persona que he sido siempre, tener mi vida privada, mi casa, mi mujer, mi tranquilidad, seguir escribiendo y no adquirir conciencia sobre si me van a leer en Bayamo o cualquier otra ciudad del mundo. Trato de llevar mi coherencia creativa y de no pensar en lo que sucede a mi alrededor.”

   “Estoy escribiendo poesía desde que tenía trece años. Nunca he escrito poesía rimada ni nada de eso, creo que tengo una visión poética de la vida, pero una poesía que se acerca más a la poesía de los norteamericanos más modernos, los que escribieron poesía, como Ginsberg, de los años 50 para acá, y creo que tengo una visión poética, escribo a mano y eso ayuda; generalmente, los escritores hoy en día escriben a mano sólo la poesía, todo lo demás lo escriben en computadora. Yo lo escribo todo a mano y eso te va dando un ritmo; a mi me da un ritmo, me da un tempo, cada vez que puedo trato de escribir con esa visión poética, con ese universo poético.”

   “En general, tengo muy poco que ver con la literatura hispanoamericana, o prácticamente nada. Ni en tratamiento del idioma, ni en universos, ni en enfoques, ni en nada. En cambio, sí tengo que ver mucho con la norteamericana. Me molesta muchísimo el uso barroco, excesivo, que se hace del idioma castellano; hay escritores contemporáneos, sobre todo españoles, que dan la idea de estar viviendo en el Siglo de Oro, pues manejan un lenguaje que pareciera sacado de Góngora.”

   “Muchas de mis historias pudieran perfectamente transcurrir en alguna zona de Río, Madrid o Lisboa, por sólo mencionar nombres de ciudades que conozco y en las cuales podría escribir como escribo aquí en Centro Habana. Por eso me molesta tanto cuando se hacen lecturas políticas, duras, de mis libros. El marginal, el superviviente, el pobre, lleva una vida parecida en todos estos sitios; quizás no en países superdesarrollados, Japón o no sé qué, pero en Brasil funcionaría perfectamente cualquiera de mis personajes. Lo que pasa es que muchas veces el intelectual -no vamos a decir que todos, pero sí una gran parte- dan la espalda a estas realidades porque viven en otro ambiente, más construido. Tuve la suerte de ser periodista durante muchos años, empecé a los 22 y estuve 26 haciendo periodismo, aunque quería ser arquitecto y mantener la escritura como secreto, como la amante escondida.
Pedro Juan Gutiérrez (©PEDRO GOMES)

   Y digo “la suerte” porque esto me ha hecho llevar una vida diferente, como en un permanente entrenamiento para poderme mezclar con la gente, casi de forma inconsciente, y convertirme en un radar.”

   “Para mí la literatura, el cine, el teatro, es antagonismo, es conflicto. Pienso que la literatura debe estar donde hay más dolor, donde hay más antagonismo, donde hay más conflicto, porque ahí es donde se crea un caldo de cultivo que coloca al hombre, a la mujer, en situación extrema, en estado límite, y cuando tú estás en estado límite es cuando de verdad comienzan a aparecer todas las sombras de la personalidad humana. Porque a mí las luces no me interesan, no me interesa la parte visible tuya sino las sombras; lo que ocultas, lo que quieres que nadie conozca, lo que piensas, los retorcimientos. Eso es lo que da la verdadera personalidad tuya, la que escondes al psiquiatra y el psiquiatra trata de sacar. Es lo que hace un escritor realmente: sacar la sombra.”

Además en esta sección:

Poemas Pedro Juan Gutiérrez

Agradecemos a Pedro Juan la gentileza de habernos concedido la oportunidad de publicar algunos poemas del libro inédito Yo y una lujuriosa negra vieja.

 

CARTA A TERESA

Fueron 20 poemas desesperados
Inocentes hasta el cansancio
Te los di en aquel invierno
triste y solitario en Madrid
y me quedé sin copias
No pensé que hoy / cuatro años después
me gustaría tener alguno
para transcribirlo aquí:
             _
             _
             _
             _
             _
             _
Creo recordar
que eran vulgares eróticos breves y rabiosos
Además de inocentes y desesperados
Yo con mis erecciones sorpresivas
y tú huyendo como una ninfa
en medio de la niebla
a las cuatro de la madrugada.

 

EN EL PUERTO DE LA HABANA

Eran dos marineros jóvenes y hermosos
Bebían cerveza sentados en la baranda de la terraza
y conversaban
Un par de veces señalaron hacia el Arklow Castle
un petrolero fondeado en otro muelle
Parecía un idioma escandinavo
quizás holandés
En fin se les veía cómplices y se reían
Yo solitario en una mesa cercana
también bebía y miraba de soslayo
Se acercaron dos puticas
Y no me miraron por supuesto
Cada día tengo más cara de policía
Es increíble cómo se intensifica con los años
Mi cara de verdugo hijoputa
Las dos puticas les pidieron unas cervezas
Les ofrecieron compañía
los invitaron a bailar
Ellos se reían
Uno sacó un llavero con el arcoiris
Las puticas eran dos negritas cubanas muy jóvenes
No sabían nada de nada
(o tal vez querían proponer un pas à quatre)
Insistieron / molestaron
Necesitaban clientes aquella noche
tan calurosa y aburrida de agosto
Pidieron chiclets cigarrillos fuego bebidas
Ellos sonreían pacientemente / divertidos
Y se besaron en la boca
Un beso largo con los ojos cerrados
Un apasionado beso de amor
Uno de ellos abrió sus ojos y me miró fijamente
de un modo dulce y magnético
Yo desvié la mirada hacia el mar y la noche
Y seguí bebiendo.

 

ME GUSTA ESCUCHAR A KEITH JARRET

Me gusta la lujuria con mi mujer
que recuerda sus primeros encuentros sexuales en el barrio
cuando era una niña de once años
Me gusta la vida contemplativa
como un monje budista
escuchar música
oler incienso
Agradecer el aire y la luz
No hacer nada
Me gusta que las mujeres me adoren
y me besen los pies
me regalen cadenas de oro
y me cuenten sus experiencias sexuales
más estremecedoras
Me gusta bañarme desnudo en la terraza
bajo los truenos y los aguaceros torrenciales de verano
Me gusta observar detenidamente
A las hermosas negras del barrio
provocativas
con sus culos y sus tetas de escándalo
Me gusta vivir lentamente
Sin prisas / sin objetivos
Sin gente que moleste y exija
Me gusta vivir como un príncipe
en mi castillo
con fronteras bien protegidas
donde nadie puede entrar
Yo solo
El príncipe que piensa en nada
/ que no desea / que lo tiene todo /

 

LOS BORRACHITOS DE BELASCOAIN

se mueren poco a poco
desaparecen
Los más viejos y destrozados quiero decir
Se ahogan en su propia mierda
Los mata la tuberculosis
Se golpean unos a otros
pierden la conciencia
mueren temblando / cagándose de miedo
Y aparecen borrachitos jóvenes
Mendigos vagabundos locos
Los más viejos se quiebran
y sus cadáveres desaparecen
se pudren en las cloacas
Pero siempre hay borrachitos nuevos
en los portales
borrachitos que lloran y se lamentan
hasta que al fin aceptan su anestesia
y vegetan recostados a una columna
Hediondos / desgraciados hasta el final
Sin saber por qué
Eso es lo peor / humo / trapos
esperan a las enormes ratas que se los comerán
se revuelcan en el fango
buscan en la basura
y ninguno sabe por qué.

 

EL BUDA DE ALABASTRO

Erik Satie lanza sobre el piano
Sus embriones desechables
En la esquina se pudren
cuatro contenedores de basura
y los cadáveres de dos perros / asesinados
por los autos
Una puta regresa lánguidamente
a su casa / Amanece el sábado
y no encontró clientes
Dos policías aburridos conversan
El mar negro / tranquilo / silencioso
Yo bebo ron
Fumo
miro las estrellas en la terraza
Y no espero nada
Sólo miro las estrellas
que se desvanecen en la luz
Todo puede explotar / ahora /
Y yo
no espero nada / nunca
El infinito.


Leer

Lea también la entrevista que realizara Víctor Fowler en coautoría con Jorge Molina, a Pedro Juan Gutiérrez, para la publicación La isla en peso.


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Lea además los ensayos de Víctor Fowler
- Innovación, repetición, adaptación, influencia.
- Poemas

   
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