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  Entrevista con Odisea, de España  
 

Un fronterizo convencido

Pedro Juan Gutiérrez acaba de sacar su último libro, El insaciable hombre araña (Anagrama). Autor de culto para una inmensa minoría, outsider confeso, irrevente y provocador, Pedro Juan Gutiérrez nos muestra aquí su lado más entrañable y humano.

PEDRO MENCHÉN
Odisea, España
Mayo de 2002

Odisea Editorial, España


PEDRO JUAN GUTIÉRREZ se encuentra en Madrid. Acaba de sacar su último libro, El insaciable hombre araña (Anagrama), y nos hemos reunido con él para entrevistarle antes de partir para Alemania, donde presentará la traducción de su Trilogía sucia de La Habana en alemán.

Pedro Juan Gutiérrez (©PACO PEREGRÍN)

   ODISEA: ¿Qué pretendes decirnos con tu nuevo libro, El insaciable hombre araña?

   PEDRO JUAN GUTIÉREZ: Mira, yo nunca tengo ninguna pretensión. La única pretensión que debe tener un escritor es la de narrar una historia, narrar algo, que el lector te lea por el placer de leerte. Todo lo demás que el lector encuentre ahí lo pone él. Y si el lector cree que el protagonista es machista o es un gay en el armario, como se dice aquí en España, o hay política o es un erotismo que se acerca a la pornografía, esa es la lectura que hace cada lector. A mí lo que me interesa es narrar una historia con los elementos que yo tengo en la mano y disfrutar escribiéndola hasta donde se puede disfrutar y que el lector lea disfrutando de la manera en que yo disfruté escribiéndola. Esa es toda mi pretensión. Nada más.

   O: Has trabajado vendiendo cómics, helados, cortando caña, en la construcción, en el ejército, como periodista... ¿Tanta vida proporciona mucho materia literaria?

   PJG: Yo, cuando era muy joven, a los dieciocho años, me planteé ser escritor. Es lo que más me gustaba. Yo leía desaforadamente, desde que tenía siete años, y no sé por qué, fue algo muy irracional, quizá, muy ilógico, pero me dije: “Yo tengo que vivir muy intensamente, tener mucho sexo y viajar todo lo que yo pueda y, sobre todo, no estudiar literatura”. Yo quería ser arquitecto o diseñador industrial y no, ni lo uno ni lo otro. Por diferentes razones, lo que hice fue trabajar en un montón de cosas. Trabajé incluso en la construcción tres años, que fue terrible, de siete de la mañana a seis de la tarde, todos los días de lunes a sábados, pero eso me daba mucho material, y yo estoy escribiendo desde entonces, desde esa época, sobre todo poesía, pequeños cuentecitos, y después me encaminé por el periodismo, el trabajo en radio y televisión... Creo que sí, que una experiencia vital intensa es fundamental para un escritor.

   O: ¿Nunca te has planteado dejar Cuba e instalarte en otro país donde tengas más facilidades para dedicarte a lo que realmente te interesa, la literatura?

   PJG: No, mi literatura está muy arraigada en Cuba. A mí me es dificilísimo o imposible escribir fuera de Cuba. Para mí Cuba es fundamental. Allí están mis hijos, allí está mi madre, allí está mi casa y allí está mi materia prima.

   O: ¿Qué sientes cuando en Europa y en América tienes una legión de lectores y, en cambio, tus amigos y familiares no pueden leer tus obras en Cuba?

   PJG: No siento nada. Yo sabía perfectamente que la literatura que yo hago es una literatura provocativa, que me iba a traer problemas de todo tipo, como me los ha traído. Por ejemplo, cuando terminé la Trilogía sucia de La Habana, que se presentó aquí en octubre del 98, en enero del 99 me dejaron fuera de mi trabajo en Cuba, fuera del periodismo. Yo estaba en dos buenas revistas, en Bohemia y en Habanera. En Habanera tenía una columna, una página entera, que se llamaba “La Cuba de Pedro Juan Gutiérrez”, y sencillamente prescindieron de mi trabajo. Inventaron un pretexto administrativo y me dejaron fuera. Ése es uno de los problemas que he tenido. He tenido otros problemas de otro tipo, pero yo lo enfrento tranquilamente y yo sé que ése es el tipo de literatura que yo quiero hacer. Creo que cuando uno hace lo que quiere, siempre tiene que enfrentarse a contratiempos de muchos tipos. La sociedad siempre trata, de un modo o de otro, de aplastarte, trata de controlarte, trata de que tú vayas por el caminito hecho, y cuando tú haces otra cosa o dices otra cosa, actúas de otra manera, pues inmediatamente tratan de aplastarte, tratan de controlarte. Yo estoy preparado para eso.

   O: En los últimos años ha habido un boom de la literatura cubana. ¿A qué crees que se puede deber?

   PJG: A mí me parece que las épocas de crisis como que generan una explosión de espiritualidad mayor. Cuba desde el año 90 entra en una crisis. Bueno, hay una situación muy fuerte viviéndose en Cuba desde el año 59. Eso se sabe. Una revolución como la cubana es muy fuerte, muy violenta, es un proceso muy dinámico, muy agresivo, muy duro. Hay once millones de cubanos viviendo dentro y dos millones fuera. Yo creo que eso es un índice que habla por sí solo, ¿no? Y eso va generando una vida interior muy fuerte en la gente. Prácticamente en la vida de cada cubano hay un drama, un drama permanente en cada familia. La mitad de la familia está fuera y la otra mitad está dentro. Esto que se dice muy rápido son dramas humanos tremendos, familias divididas de esa manera y situaciones muy difíciles en otros sentidos: los balseros, la gente que se la come los tiburones. Terrible. Y yo creo que eso dispara el arte. Ahí es donde yo veo las raíces de lo que estamos hablando.

   O: La imagen que tenemos los españoles de Cuba es una imagen altamente sexualizada. ¿Se corresponde con la realidad?

   PJG: Yo creo que sí, pero sobre todo cuando comparas al cubano medio con el europeo medio o con el norteamericano medio. Aquí se vive con otro temperamento, hay otra forma de ver el mundo. Cuba es un pueblo mestizo y un mestizaje maravilloso porque es un mestizaje básicamente de españoles y de africanos. También hay chinos, hay un poco de franceses, un poco de italianos, un poco de todos lados y, bueno, ese mestizaje yo creo que nos da, entre otras cosas, como una vitalidad, como un deseo de vivir, como una alegría. Y la sexualidad yo la entiendo como expresión, como deseo de vivir, como expresión de la alegría de vivir.

   O: ¿Cómo ves España, más cercana al frío europeo o al calor latino?

   PJG: Para mí España es un país entrañable. Hay dos países que para mí son entrañables en el mundo, además de Cuba, que son España y México. España es un país maravilloso. Yo lo veo muy cercano a la latinidad, a la forma latina de ver el mundo.

   O: No sé si sabrás que tienes muchos lectores gays. ¿A qué atribuyes eso?

   PJG: No sé. Me acabo de enterar ahora [risas]. A veces tengo problemas fuertes con las feministas, en algunos lugares, porque dicen que mi literatura es machista y yo no lo creo. A mí me parece que en mis libros yo lo que hago un poco es burlarme del machito tropical, pero la lectura de los gays, bueno, no sé... Quizá el componente sexual es lo que les atrae, digo yo, no sé.

   O: ¿Cuál es la situación de la homosexualidad en Cuba, si es que tienes tú alguna referencia sobre el tema?

   PJG: La homosexualidad estuvo reprimida durante muchos años de una manera brutal, al extremo de que en los años sesenta, hasta el año 70 o 71, incluso había una especie de campo de concentración o algo así que se llamaba Unidades Militares de Ayuda a la Producción, donde internaban a las personas que eran religiosas, a los vagos (es decir, los que no tenían carnet de trabajo) y a los homosexuales. Creo que por ahí estuvo Pablo Milanés, porque no trabajaba. Estaba con una guitarrita cantando en los bares. Por suerte, toda esa etapa ya se fue dejando atrás y hoy en día hay mucha más libertad hasta cierto punto.

   O: ¿También para los travestis?

   PJG: Yo admiro muy profundamente a los travestis porque me parece que para ser travesti en Cuba hay que ser un cojonudo, hay que ser muy valiente, sobre todo en La Habana. En algunas ciudades de provincias hay lugares un poco clandestinos donde hacen sus shows, se reúnen. De algún modo, es como una forma de autodefinición: “Bueno, yo soy así ¿y qué?”. Cerca de mi casa, en el Malecón, hay un lugar donde se reúne una enorme cantidad de homosexuales, de lesbianas, enfrente de una heladería. Antes era una cafetería que estaba en el mismo malecón, los echaron de allí, pero se reúnen doscientos, trescientos todas las noches, entre travestis, gays, lesbianas, gente de todo tipo, gente liberada que sencillamente va allí a divertirse, a beber hasta las 4, las 5, las 6 de la mañana. Ahora se reúnen en una heladería a dos cuadras de allí. Cuando los echen, ya veremos para dónde van.

   O: ¿Qué porcentaje hay de autobiografía en tu literatura?

   PJG: Es excesivo. Sin contar El Rey de La Habana, todos los libros que he escrito hasta ahora son muy autobiográficos.

   O: Sexo, ron, pobreza, desesperación... En definitiva, la dureza es lo más recurrente en tus obras, la supervivencia...

   PJG: Mira, yo vivo en Centro Habana, que, aunque es el centro de la ciudad, es un barrio muy marginal, donde viven fundamentalmente negros, gente muy pobre. Yo vivo en ese barrio hace quince años, pero lo conozco desde que era muy jovencito. Siempre tuve relaciones, amantes allí, y esa es mi materia prima. La gente tiene que buscarse un dólar sea como sea. Si hay que prostituirse, hay que prostituirse, y si hay que robar, hay que robar. Yo tengo que contenerme para no escribir mucho más de lo que escribo porque me volvería loco. Tú lo sabes porque tú eres escritor, que la escritura te va convirtiendo un poco en paranoico, en neurótico. Es decir, que llega un momento en que estás desconectado de la realidad, y eso puede ser terrible. Yo tengo que contenerme porque es tanta la materia prima que tengo, tantas las cosas que la gente me dice...
La Habana (©TONI PRADAS)

   Lo que pasa es que, bueno, a veces vas mezclando cosas, tú sabes. La ficción y la realidad se van mezclando y llega un momento en que ya tú no sabes qué cosa es lo tuyo y qué cosas aportaste de otra gente.

   O: ¿Cuál sería el libro perfecto para ti?

   PJG: El libro perfecto no existe. Un libro siempre lo vas perfeccionando constantemente. Un libro se puede ir mejorando hasta el infinito. Hay quien ha estado veinte y pico años escribiendo el mismo libro, mejorándolo. Yo creo que lo que existe es un compendio de libros que tú tienes a tu alrededor, como La metamorfosis, El viejo y el mar, que tú relees de vez en cuando, y con eso quizás vas armando como un libro perfecto, con diez, doce, cien, quizás.

   O: ¿Te arrepientes de alguna cosa que hayas escrito y que te gustaría cambiar?

   PJG: No, hasta ahora no, porque no releo mis libros. Me dan recontratantísimo trabajo escribirlos que, sencillamente, cuando ya reviso las pruebas de imprenta por última vez y las entrego, se acabó el libro porque, si no, sigo... Eso lo tengo muy claro.

   O: Cuéntanos algo que no se sepa del ciudadano Pedro Juan Gutiérrez.

   PJG: Me he casado dos veces, me he divorciado dos veces, tengo un romance ahora muy bonito. Me es muy difícil vivir sin amar. Necesito amar y que me amen. Para mí es imprescindible. Creo que soy un tipo muy cálido, muy cariñoso. Puedo ser también muy cínico, muy perverso, muy sádico, puedo tener diez amores al mismo tiempo, pero cuando estoy amando de verdad me concentro muchísimo en una sola persona

   O: Entonces, ¿puedes amar a una persona y serle infiel?

   PJG: Bueno, de hecho yo siempre he sido infiel. Yo creo que el ser humano es infiel por naturaleza.

   O: ¿Qué piensas de la homosexualidad? ¿Cómo reaccionarías si un hijo o un hermano tuyo fuese homosexual?

   PJG: Yo no creo que exista la homosexualidad. Es un invento social de las religiones y todo eso. Es decir, yo no creo que existe el heterosexual ni el homosexual ni el bisexual. Yo creo que somos seres sexuales y tenemos que vivir nuestra sexualidad y la disfrutamos con todos, simple y sencillamente. Me molesta mucho esa división de yo soy heterosexual; ah, tú eres bisexual; ah, el otro es gay, la otra es lesbiana...

   O: Te comparan con Henry Miller y con Bukowski. Por tu estilo vitalista, desde luego pareces bastante norteamericano. ¿Qué piensas de eso?

   PJG: Yo creo que sí, definitivamente. Cuando yo empecé a leer con seriedad, quien yo leía con más interés era a los narradores norteamericanos del siglo veinte: John Dos Passos, Faulkner, Truman Capote, Norman Mailer... Toda esta gente son fundamental. Yo leía ya con catorce, quince años, y te voy a decir algo, cuando yo leí Desayuno en Tiffany´s, de Truman Capote, dije: “¡Coño, así es como yo quiero escribir algún día!”

   O: ¿La cultura europea te ha influido de alguna forma?

   PJG: Mira, la cultura europea a mí me influye desde otro punto de vista, quizás no desde la literatura. Kafka es uno de los grandes escritores míos, el otro es Julio Cortázar. En algún momento Hermann Hesse, en algún momento Thomas Mann. ¿Quién más? Bueno, los clásicos realistas rusos del siglo diecinueve, los realistas franceses del siglo diecinueve. Así puedo ir escogiendo, pero (y que me perdonen mis colegas) en este momento a mí prácticamente no me interesa lo que se está haciendo en Europa. Me parece una literatura demasiado filosófica, demasiado lenta, que no quiere decir que sea buena o mala, no estoy enjuiciando, pero yo prefiero mucho más la narrativa norteamericana. Parece que es mucho más vital. Incluso en Cuba, cuando tratan de buscarme antecedentes en la literatura cubana, yo digo que no, que yo no tengo nada que ver con la literatura cubana. Hay uno también que a mí me apasiona y del que he aprendido mucho y es Chéjov y lo releo de vez en cuando. Hay un ruso, Isaac Babel, que publicó un libro que se llama Caballería roja que es genial, de una modernidad absoluta.

   O: Hazte a ti mismo la pregunta que nunca te ha hecho nadie y que te gustaría responder.

   PJG: La pregunta sería: “¿Para qué sirve la literatura?” La literatura sirve para comprender un poquito mejor esta especie tan agresiva, violenta, intolerante y depredadora a la que pertenecemos. Somos los animales más crueles y autodestructivos del Planeta, pero nos complace creernos que somos buenos y santos. La literatura casi siempre nos coloca frente a frente y sin concesiones y sin blandenguerías. Supongo que eso está muy bien y esa puede ser una de las funciones de la literatura, si es que sirva para algo.

   O: ¿Te sientes un outsider?

   PJG: Definitivamente. Yo estoy convencido. A mí no me gustan los grupos intelectuales. Yo siempre fui periodista y tengo amigos entre los periodistas, entre los fotógrafos, entre los diseñadores, pero entre los escritores prácticamente no tengo amigos y no me interesan. Yo me mantengo muy a mi manera, vivo muy a mi aire, como se dice aquí en España, y no me interesan los grupos, los cenáculos literarios. Yo vivo en mi azotea, a mi manera, y mis amigos son los negros del barrio; mi mujer, una pelandruja del edificio, que es la que a mí me gusta. No me gustan las mujeres estas... Tengo amigas refinadas, cultas, tampoco soy tan... pero a nivel sentimental yo prefiero mejor una pelandruja, dura, que no una mujer demasiado refinada y culta.


   (La revista Odisea publicó una versión resumida de esta entrevista, presentada aquí en su totalidad con la autorización del entrevistador).

     
       
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