 |
El
otro Julio
Pedro Juan Gutiérrez |
Después de algunos
tragos en el bar con los amigos, Julio supuso que se demoraría
un rato más y llamó a su casa, pero no le contesto
su esposa, sino él mismo, con voz de sueño.
Colgó desconcertado.
Él estaba acostado,
durmiendo junto a su esposa, y él estaba bebiendo con
los amigos en el bar. No podía ser. Era imposible.
Volvió a llamar y de nuevo se contestó a sí
mismo.
-Dígame.
-¿Es Julio?
-Sí. Dígame.
-¿Qué hace usted ahí?
Julio soy yo y usted está en mi cama.
El otro se quedó
paralizado. Un hombre con su misma voz lo llamaba a su casa
y le decía que no era él sino el otro. Lo peor
no era el timbre y el tono de la voz, sino el presentimiento
exacto de que era verdad.
Aterrados, ambos colgaron
y se quedaron sin saber qué hacer. Julio en el bar
y Julio en la cama.
A poco rato se tranquilizó
lo suficiente y sin aplomo pero con decisión llamó
de nuevo a su casa.
-¿Qué hacemos?
-No sé. ¿Qué tu crees?
-Voy allá. Baja y nos vemos en la
acera.
Cuando Julio llegó
frente al edificio ya Julio lo estaba esperando. Se miraron
cuidadosamente. Nerviosos. Era terrible porque existía
un original y una copia. Había que discernir cuál
era falso. En el ambiente flotó un tufillo a vida o
muerte. Tú o yo. Pero Julio trató de disipar
aquel antagonismo tan visible y extendió su mano, en
un gesto amistoso consigo mismo. El otro también extendió
la mano, pero se repelieron cuando estuvieron cerca. No podían
tocarse.
Quedaron en silencio
un instante, mirándose a los ojos.
-Sólo hay una explicación.
-Sí. Yo también la sé.
-Es mejor alejarnos. Si por casualidad
alguien nos empujara y chocamos uno con el otro...
-Es una lástima, yo quisiera saber
más de mí. Hablar contigo.
-Yo también. ¿Y si...?
-Es mejor no arriesgarse. Adiós.
Y cada uno tomó
su rumbo. Uno hacia su cama. El otro al bar. Cuando Julio
se acostó junto a su esposa añoró ser
el otro. Libre y soltero. Sin ataduras en la vida. La felicidad.
Cuando Julio entró en el bar pidió un trago
y pensó en su mujer, anheló su casa, con su
dosis de disgustos y problemas y docilidad. Deseó rabiosamente
ser el otro.
© Pedro Juan Gutiérrez
|